Más que un agujero en la piel: La fascinante odisea antropológica del piercing
¿Pensabas que el piercing en el septum de tu prima la moderna o el pendiente en la ceja de aquel cantante de trap eran el colmo de la vanguardia y la rebeldía? Pues prepárate, porque hoy vamos a subirnos al 'Ministerio del Tiempo' particular de la modificación corporal para descubrir que perforarse el cuerpo es, en realidad, una de las tradiciones más antiguas y universales de nuestra especie. Lejos de ser una moda pasajera impulsada por las estrellas de TikTok o los punks de la Movida Madrileña, el piercing es un lenguaje visual que ha servido para marcar el estatus social, la madurez sexual y hasta la conexión con los dioses durante milenios. Desde las gélidas tierras de Alaska hasta las pirámides de Egipto, el ser humano ha sentido la necesidad de intervenir su 'envase' biológico para decir algo al mundo. En este post, vamos a desgranar con precisión científica, pero con el toque ameno de un buen hilo de Twitter, cómo hemos pasado de usar fémures de enemigos en la nariz a la sofisticada joyería de titanio grado implante que vemos hoy en los estudios más punteros.